De diversas maneras veo llegar lo que para mí ya es un final,
aquello que he intentado parar desde hace demasiado tiempo,
no puedo detener el paso del tiempo,
no puedo frenar los acontecimientos, no, no debo hacerlo por más tiempo.
Este dolor de cabeza me tiene sumida en un ir y venir de pensamientos, sensaciones entrecortadas,
recuerdos que resurgen … se vuelven a esconder y de repente vuelven a aparecer.
No hay motivos que me permitan mantaner cogida por más tiempo esta cuerda,
ese cabo que tantas cosas ha unido y que ahora,
parece ser esta ves debo soltar de una vez.
Lo mantuve atado, mirándolo día tras día, esperando sólo una señal,
un motivo para volverlo a coger entre mis manos y notar la aspereza de ese nudo,
pero nada de eso llegó.
No puedo mantenerlo quieto por más tiempo,
empieza a ser difícil de atar y cada vez tengo más ganas de cogerlo entre mis manos y no soltarlo nunca más,
pero no puedo, no debo.
Siempre me pasa lo mismo,
atando cabos... deshaciendo nudos...
Quiero quitarme este dolor que me inunda cada vez que pienso,
cada vez que cierro los ojos,
cada vez que intento decir una palabra.
No tiene sentido seguir sentada observando,
mientras una marea intenta hacerse con el control de todo,
mojando todo a su paso,
haciendo más difícil respirar, caminar, pensar, reír... llorar.
La llama de la esperanza parece arder cada ves más tenue,
temo que de un momento a otro deje de arder esa cálida luz y me deje a merced de la oscuridad.
¿Correr? ya no quiero huir,
ya no quiero interponerme,
si esa llama deja de arder no podré encenderla nunca más,
nunca más.
Y lo sé, eso es lo que me pesa,
lo que no soy capaz de asumir,
lo que día tras día intente evitar,
lo sé, pero debo entender que ya es tarde,
demasiado tarde para evitar lo inevitable.
Es el momento de apagar esa llama.
"Abre la puerta, no digas nada."
Sumido en el silencio, sin decir nada,
sin realizar un sólo movimiento. Ese no es el.
“Levántate”
Quiero decirle
“abre los ojos, deja que seque tus lágrimas y dame tu mano.
No hay más solución, acéptame tal y como soy. No luches contra mi (ti). Nos hacemos daño”
Lentamente me siento a su lado,
lo rodeo con mis brazos y un halo nos envuelve.
Comienza a llover fuera,
veo las gotas resbalar a través de los cristales
y una sensación de alivio recorre todo mi cuerpo.
De repente... puedo notar una llama ardiendo en mi interior,
una que siempre estuvo ahí y que siempre me guió.
Es reconfortante su calor, su ardor...
Cierro los ojos, al abrirlos... nada queda de el entre mis brazos.
El contacto con mi piel es todo lo que puedo notar...
eso y unas tímidas lágrimas que recojo de mi mejilla.
Un paso más cerca, y a la vez más lejos, de ti.
te quiero, por quien eres,
pero desgraciadamente también por quien eras conmigo,
por quienes fuimos, en un tiempo que tristemente
algunas noches logro recordar.
Espero que el tiempo, nos de la oportunidad de volvernos a encontrar,
esta vez sí en el momento y lugar oportunos.